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miércoles, 7 de mayo de 2014

51º JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

VOCACIONES, 
TESTIMONIO DE LA VERDAD

Queridos hermanos y hermanas, vivir este «“alto grado” de la vida cristiana ordinaria» (cf. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 31), significa algunas veces ir a contracorriente, y comporta también encontrarse con obstáculos, fuera y dentro de nosotros. Jesús mismo nos advierte: La buena semilla de la Palabra de Dios a menudo es robada por el Maligno, bloqueada por las tribulaciones, ahogada por preocupaciones y seducciones mundanas (cf. Mt 13,19-22). Todas estas dificultades podrían desalentarnos, replegándonos por sendas aparentemente más cómodas. Pero la verdadera alegría de los llamados consiste en creer y experimentar que él, el Señor, es fiel, y con él podemos caminar, ser discípulos y testigos del amor de Dios, abrir el corazón a grandes ideales, a cosas grandes. «Los cristianos no hemos sido elegidos por el Señor para pequeñeces. Id siempre más allá, hacia las cosas grandes. Poned en juego vuestra vida por los grandes ideales» (Homilía en la misa para los confirmandos, 28 de abril de 2013). 

(Fragmento del mensaje del Papa Francisco para la 51º Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones)

Leer mensaje completo

Oración 
Señor, hoy, como en todo tiempo, tú no cesas de decirnos:
«Salid, sin miedo, para servir».
Los bautizados, respondiendo a su vocación,
manifiestan la iniciativa de Dios.
Aquellos que dan un paso
en respuesta a este Amor primero
descubren que tú les esperas
con los brazos abiertos.
Señor, acompaña y anima la vida fraterna y litúrgica
de las comunidades cristianas.
Que ella encienda en cada uno,
especialmente en los más jóvenes,
el deseo de discernir su modalidad de vocación
para ponerse plenamente
al servicio de Dios y de la evangelización.
Señor, da luz y fortifica a aquellos que tú llamas
a consagrarte plenamente su vida
en el camino del matrimonio,
del presbiterado y de la vida consagrada.

Amén.

martes, 19 de marzo de 2013

El Papa Francisco comienza su pontificado


Hoy, el Papa Francisco comenzó su pontificado diciendo, entre otras cosas, que el poder que recibe el Papa es servicio a los otros, sobre todo a los pobres, e invitó a los fieles a la esperanza.
A continuación, la primera homilía completa del Papa Francisco.
Queridos hermanos y hermanas:
Doy gracias al Señor por poder celebrar esta Santa Misa de comienzo del ministerio petrino en la solemnidad de san José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal: es una coincidencia muy rica de significado, y es también el onomástico de mi venerado Predecesor: le estamos cercanos con la oración, llena de afecto y gratitud.
¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio.
Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos.
Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres.
Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido.
Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos “custodios” de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro.
Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen.